Leer no es producir
Noticias 10 de febrero de 2026 Marisa Garcia Menendez 0 comentarios

Leer no es producir

En tiempos donde la lectura se mide en números, volver al ritmo propio es un gesto casi subversivo. Leer no es producir, es estar.

Hay una frase que se repite como un trofeo digital: “Este mes leí diez libros.”
A veces viene acompañada de una foto prolija, otras de una lista interminable. No siempre miente. Pero casi siempre apura.

Leer, cuando se convierte en cifra, corre el riesgo de perder su espesor. La lectura deja de ser experiencia para transformarse en rendimiento. Y ahí algo se quiebra, aunque no haga ruido.

El ritmo propio

No todos leemos igual.
No todos leemos al mismo paso.
Hay libros que se devoran en una tarde y otros que piden semanas, incluso meses. Hay páginas que se atraviesan rápido y otras que obligan a cerrar el libro, mirar por la ventana, dejar que la frase haga su trabajo en silencio.

Respetar el propio ritmo es un acto de honestidad.
No es lentitud: es escucha.

Leer despacio no es leer menos.
Es leer de otra manera.

El valor de releer

Vivimos en una cultura que empuja hacia adelante. Siempre lo nuevo, lo siguiente, lo que falta. Releer parece un retroceso, cuando en realidad es una forma de profundidad.

Un libro releído no es el mismo libro.
Quien cambia es quien lee.

Volver a un texto es volver a una parte de uno mismo, y descubrir que ya no estamos en el mismo lugar. Releer no suma números, pero ensancha el pensamiento.

Abandonar sin culpa

No todos los libros son para todos los momentos.
Y no terminar un libro no es fracasar.

Hay lecturas que simplemente no nos encuentran. Insistir por obligación, por prestigio o por estadística, suele ser más violento que cerrar el libro y dejarlo ir.

Abandonar también es una forma de cuidado.
Del tiempo, del deseo, de la lectura misma.

Leer no es producir

Leer no es una fábrica.
No es una competencia.
No es una carrera con medallas invisibles.

Leer es estar.
Es demorarse.
Es dejar que algo ajeno nos modifique sin apuro.

Decir que leer no es producir no es gritar contra nadie. Es apenas correr el eje. Recordar, con suavidad, que los libros no piden resultados. Piden presencia.

Quizás no importe cuántos libros leímos este mes.
Quizás importe qué libro nos leyó a nosotros.

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