Cuando el papel enferma: Hongos en los libros y cómo prevenirlos
Noticias 30 de enero de 2026 Marisa Garcia Menendez 0 comentarios

Cuando el papel enferma: Hongos en los libros y cómo prevenirlos

A veces el enemigo no cruje ni roe.
No tiene patas ni antenas.
Flota en el aire y se posa en las páginas como un susurro de humedad.
Los hongos son invisibles, persistentes, y pueden silenciar un libro si no aprendemos a reconocerlos a tiempo.

Capítulo de nuestra guía para cuidar bibliotecas con alma circular

1. El susurro invisible de la humedad

A veces el enemigo no cruje ni roe.
No tiene patas ni antenas.
No deja migas ni hace nido.

Flota en el aire, imperceptible.
Y se posa en las páginas como un susurro de humedad.
Los hongos son discretos, pero voraces.
Tienen la cortesía de lo invisible
y la crueldad de lo persistente.

Cuando tocan un libro, lo marcan.
Lo tatúan con manchas cobrizas, lo vuelven frágil, quebradizo.
Y con el tiempo, lo silencian.

2. ¿Qué son los hongos y por qué aparecen?

Los hongos son organismos microscópicos que se desarrollan a partir de esporas: pequeñas partículas que flotan libremente en el aire. Están en todas partes, esperando las condiciones propicias para instalarse: humedad, oscuridad, encierro.

En una biblioteca cerrada por meses.
En un estante apoyado contra un muro frío.
En un libro olvidado dentro de una caja, en el altillo.

El hongo no pregunta: aparece.

3. Cómo reconocerlos

Hay señales. Sutiles, pero claras:

Manchas pardas, grisáceas o verdosas que se expanden como mapas secretos.

Un olor rancio, a humedad añeja, como si el libro hubiese respirado durante años en un sótano.

Hojas que se sienten frágiles al tacto, a veces con una textura casi arenosa.

Cuando uno aprende a ver, ya no puede dejar de notar.

4. Prevención: cuidar el entorno, no solo el objeto

La clave no está sólo en el libro, sino en el clima que lo rodea.
Como toda criatura viva, el libro necesita un hábitat que lo proteja.

Evitá guardar libros en baños, sótanos o placares contra muros fríos.

Ventilá los espacios con frecuencia, incluso en invierno.

Controlá el nivel de humedad: lo ideal es mantenerlo entre 40 % y 60 %.

Usá bolsas de gel de sílice o tiza envuelta en papel para absorber el exceso de humedad.

Revisá tu biblioteca cada tanto. Mover los libros también es una forma de cuidarlos.
Dales aire. Que no se oxiden en el olvido.

5. ¿Y si ya están afectados?

Respirá hondo. Todo libro merece una oportunidad.
Pero también hay que saber cuándo soltar.

Separá los libros afectados para evitar que contagien a los demás.

Usá un pincel seco o papel absorbente para retirar el exceso de esporas, con suma delicadeza.

Exponelos a la luz natural durante un tiempo breve, siempre indirecta.

Si el daño es severo, podés consultar a un restaurador profesional.

Y si no hay vuelta atrás, despedilos con gratitud.
Cada página que sirvió a alguien vivió lo suficiente como para ser honrada.

6. Leer como acto de cuidado

Cuidar un libro es cuidar el aire que respira.
Porque los hongos nacen del descuido,
pero también del silencio.

En Tinta Circular creemos que leer también es vigilar amorosamente lo que amamos.
Que un estante ventilado es una forma de resistencia.
Y que cada página limpia y sin manchas es una promesa:
la de un libro que seguirá contando su historia,
sin que el moho la borre.

Comentarios (0)

Aún no hay comentarios

¡Sé el primero en comentar este artículo!