Después de leerlas
Literatura 03 de marzo de 2026 Marisa Garcia Menendez 0 comentarios

Después de leerlas

Hay lecturas que no se consumen: se atraviesan. Y después de atravesarlas, ya no somos las mismas.

Después de leerlas, cierro el libro y la casa ya no es la misma.
Hay una frase que sigue respirando sobre la mesa.
Algo se movió, aunque nadie más lo note.

¿Qué ocurre después de leer a alguien que piensa con profundidad?

No es solo admiración.
Es incomodidad.
Es espejo.
Es espejo roto.

Nos devuelven preguntas que creíamos saldadas.
Preguntas que vuelven sin pedir permiso.

Virginia Woolf, Clarice Lispector, Simone de Beauvoir, Idea Vilariño, solo por nombrar algunas.

Después de leerlas, ya no somos exactamente quienes empezaron la página uno.

Porque ellas no escriben para agradar.
Escriben para pensar.
Y pensar es un acto que desordena.

Leer a quienes piensan no nos vuelve más interesantes.
Nos vuelve más responsables.

Responsables de nuestras decisiones.
De nuestros silencios.
De nuestras renuncias.

Eso es fuerte.
Eso queda.

Tal vez por eso volvemos a buscarlas.
No para estar de acuerdo,
sino para recordar que pensar
también es una forma de valentía.

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