Pintamos de tinta a un gigante que caminó con elegancia entre bambalinas y páginas.
Actor de voz volcánica y mirada que sabía reírse del drama, Gassman fue teatro en carne viva, cine con pulso clásico y, cuando tomó la pluma, memoria afilada. En sus libros hay camerinos, dudas, aplausos que pesan y silencios que enseñan.
Un bufón sabio, un trágico con humor, un italiano universal que entendió que el arte —como los libros usados— mejora cuando ha sido vivido.
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