El narrador que guarda tempestades en un bolsillo y ternura en el otro
Carlos Schlaen es de esos escritores que parecen andar por el mundo con una libreta imaginaria siempre abierta:
anota murmullos de pueblos perdidos, aventuras que se escurren por las rendijas de la realidad, y esa mezcla única de riesgo y caricia
que hace que sus relatos se lean con el pulso atento y el corazón medio desarmado.
Su prosa tiene la frescura del viento que llega del río y el misterio suave de una fogata encendida en la noche.
Escribe historias donde la infancia no es un recuerdo: es un territorio vivo,
lleno de chispas, travesuras, miedos y descubrimientos que iluminan como luciérnagas tercas.
En sus páginas conviven lo rudo y lo frágil, la aventura que salpica barro y la emoción que se queda en silencio.
Schlaen sabe que las grandes odiseas pueden nacer en un patio, un baldío, una esquina cualquiera.
Y por eso sus personajes brillan: porque llevan dentro una brújula hecha de imaginación pura.
Leerlo es abrir una ventana a un mundo cercano, pero más intenso; un mundo que nos recuerda que la valentía puede caber en un gesto mínimo
y que la ternura, cuando quiere, sabe correr más rápido que el peligro.
📧 Suscríbete a nuestro Newsletter
Recibe las últimas novedades, ofertas exclusivas y contenido especial directamente en tu bandeja de entrada.