María Cristina Ramos escribe como quien se agacha a la altura de la infancia y mira el mundo con respeto. Sus palabras no subestiman: invitan. Construye historias donde la poesía se mezcla con la pregunta, y el lenguaje se vuelve un lugar seguro para pensar, sentir y crecer.
En sus textos, la infancia no es un territorio ingenuo sino profundo. Hay belleza, sí, pero también conflicto, búsqueda, sensibilidad. Ramos confía en la inteligencia emocional de sus lectores y les ofrece literatura que acompaña sin proteger en exceso, que abraza sin encerrar.
Leerla es entrar en un espacio donde la palabra cuida y despierta al mismo tiempo.
Libros que abren ventanas.
Libros que dejan huella desde temprano.
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