Héctor Yanover escribe como quien conversa largo, con ironía suave y una curiosidad que no se agota. Su prosa se mueve entre la memoria, el humor y la observación aguda de lo cotidiano. Hay en sus textos una inteligencia lúdica, un gusto por el desvío y por las historias que parecen pequeñas pero esconden capas.
Yanover sabe mirar lo raro en lo familiar y lo familiar en lo raro. No fuerza el sentido: lo deja aparecer. Sus libros avanzan con ligereza, pero no con superficialidad; detrás de cada frase hay una mirada atenta, un gesto de complicidad con el lector.
Leerlo es aceptar la invitación a pensar sonriendo.
Libros que sorprenden sin alborotar.
Libros que se disfrutan como una buena charla que sigue resonando después.
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